martes, 20 de enero de 2009

100 y 100

Hemos vuelto!!!!!!!. Que es lo mas importante...

Representese el lector la siguiente escena: Entra una muchacho relativamente joven a un almacen de barrio. Saluda amablemente al desconocido almacenero y le pide un "surtidito" de fiambres: 100 de èsto... 100 de aquello, 100 de esto otro y demas. El almacenero respondia al pedido cordialmente, pero algo desganado...
Usted se preguntara en qué se nota el desgano?. Lo representaré. Este muchacho estaba rodeado de niños de entre 6 y 14 años, eran cuatro los niños, mas su mujer que esperaba alegre en el auto, porque seria un día de playa!!!.
El almacenero deja una luz bastante clara entre la hoja afilada y el apoyo acanalado del fiambre, en la cortadora. Esto hacia que a los cien se llegue muy rapido... sólo dos fetas bastaban. Entonces el muchacho comenzo a ofuscarse. Primero pidio que le agregase unos cien mas a cada fiambre cuyas fetas fueran pocas, como haría usted si fuera educado, vio?. Claro, pero con el pasar de los fiambres y el grosor desmedido de cada tajada su paciencia fue mermando... entonces se explayo frente al almacenero diciendole: Mire que es para que es para hacer unos "sanguchitos" como para los chicos. Achíquele el grueso, mi amigo!!!
El almacenero se hizo el sordo y le feteo lo que faltaba moviendole apenas el regulador de la hoja. la medida no habia variado!.
Este respetuoso muchacho penso para sus adentros: "no me arruinará las vacaciones este muchacho"

Ahora, entre usted y yo, ya vueltos al ruedo:

"LA CANTIDAD DE COMENSALES ESTA EN LA VOLUNTAD DEL FETEADOR"

Gomes Tible.

2 comentarios:

Blanc// dijo...

¡canté pri!

han vuelto! (espero que sea con gloria y honor...)

el desdén de algunos comerciantes es premiado por mi ausencia ininterrumpida por su negocio.
Claro, cuando la compra es en un lugar por el que uno pasa ocasionalmente no pueden disfrutar del premio de mi ausencia...no de dan cuenta, obvio.

Ing.Vergatiesa dijo...

Ese, exactamente ése almacanaro es al que se le debe pedir, ni bien uno agarra el sobrecito con el fiambre, y con una sonrisa de oreja a oreja que le haga un surtidito de caramelos sosteniendo bien alto un billete de $20.
Yo sé que es plata, que con $20 se pueden hacer muchas cosas.
Pero con esos $20 y un poco de ingenio, si la caramelera es grande lo entretengo no menos de 40 minutos.
¡Que son 40 minutos y 20 pesos menos para poner a prueba la noble vocación del almacenero!